Algo huele a podrido y no es en Dinamarca precisamente.
No me parece normal, encender el televisor y que una
señora aparezca gritando y diciendo vulgaridades a diestro y siniestro.
No me parece normal, pero es común, y eso resulta
alarmante.
La violencia vence, quién más grita, quién más escándalo
hace, quién más palabrotas dice, quién más trapos sucios cuenta, resulta
ganador.
¿De verdad?¿De verdad no tenemos nada mejor que hacer que
prestar atención a este tipo de personas, de dejarles que se salgan con la suya
otorgándoles un protagonismo poco merecido?
Y, es que, sinceramente me repatea que una persona cuya mayor hazaña haya sido
haber estado casada con un torero pueda ser co-presentadora de un programa y
ser protagonista en otros tantos.
Además, que la susodicha haya vendido más de 100.000 ejemplares de un libro, el
cual no ha escrito sino que le han hecho el trabajo, donde no hace más que
relatar intimidades suyas y no tan suyas. Es increíble que una persona mande a
escribir un libro para explicar cómo ha consumido drogas, y que, lleve a cabo
un paseíllo televisivo para corroborarlo con su correspondiente embolso
económico.
Vivir sin normas morales tiene premio. Vivir sin
esforzarse, sin respeto, sin dar palo al agua es rentable.
Pero este circo mediático va más allá, y es que, como
esto es lo que vende, no ha tardado en haber un elenco de colaboradores
dispuestos a dar juego.
Hablar de los demás, con o sin conocimiento de causa, y,
lo más importante, hablar por hablar, porque sinceramente ¿a quién le importa
la vida de esta persona? ¿y el resto de chismes que se murmuran en este tipo de
programas?...
Esta señora, es cuando menos idolatrada por un sector de
la sociedad, incluso, se refieren a ella como la princesa del pueblo.
Me gustaría pensar que es una princesa sin pueblo, porque
me gustaría creer que esto no es más que un sector mínimo que hace mucho ruido,
así como ella, y por ello, parecen más.
No debería importarme, que se nos atribuya el adjetivo de
una sociedad pasiva y mediocre. El español vago y gritón. El país de la
pandereta.
No debería importarme pero me importa, ya que, creo que
somos mucho más que eso.
Y tú, ¿qué crees?
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